viernes, 17 de marzo de 2017

NOTA PARA IR AL MERCADO




NOTA PARA IR AL MERCADO



1- entrar en ti
como se entra en un mercado de provincias:
con las ganas de satisfacer el deseo
para toda la semana
y llenar a tope la nevera del pecado.

2- acudir puntualmente a la cita
de tu puesto de carne roja
con una lengua de mil demonios
y ganas de quitarte hasta las ojeras.

3- tratarte como una fruta tropical
como la comida de los domingos,
pero sólo con el respeto necesario
que permita nuestra hambruna*
(*quise decir:
comerte con las manos,
sin etiquetas ni decoro).

4- nada de congelados, amor mío,
lo nuestro es más de entre sarmientos.

5- salir de tu plaza
dramático, grandilocuente, entusiasmado,
comparando tus pezones a las estrellas
y tú sexo con un sortilegio oscuro
capaz de iluminar hasta mi muerte.

miércoles, 25 de enero de 2017

EL EMBAJADOR DE ABISMOS



EL EMBAJADOR DE ABISMOS


A Melquiades.


En la plaza del pueblo, el embajador de abismos extendió las telas donde guardaba su repertorio de asombros. Los habitantes se reunieron en torno a él como en una hoguera: este tipo de acontecimientos debía generar maravilla en una comarca tan alejada de la mano de Dios.

El embajador comenzó su show de las profundidades. Con un ademán de prestidigitador, sacó su primera pieza: ¡la mujer-abismo!; hecha de la música callada de las esferas y polvo de oro, probaba, sin lugar a dudas, la rima íntima que existe entre la feminidad y el universo. Los habitantes ni se inmutaron. Algo contrariado, pero firme en sus principios fenicios, el embajador dio paso al segundo asalto: ¡el silencio de los anacoretas!; una orfebrería que él mismo había robado a una bruja de la periferia y cuyas propiedades místicas serían la envidia de cualquier profesional de la alquimia. Los habitantes bostezaron al unísono. –¡Vaya fauna de taciturnos!- pensaba el embajador mientras se sacaba de la manga su carta mortal: ¡la partitura original del misterio!;  un códice sumerio que permite descifrar las entrelíneas y es remedio bárbaro para la tos seca de los fumadores…

¡Ni mu, no dijeron ni mu! Un mutismo perezoso dejó paso a la más exuberante indiferencia y los habitantes se dirigieron a sus labores como si nada, dejando al embajador de abismos en un estado de shock, más propio de un boxeador noqueado que de un vendedor ambulante de su prestigio.

El alcalde, para sortear posibles patetismos, se le acercó, y le dijo: -En este pueblo, usted pinchó hueso. Somos punteros en oficios liberales como pescador de insomnios, óptico en fantasmagorías y astrólogo de infancias. Mejor pruebe usted en la capital; dicen que allí, han perdido la imaginación-.

lunes, 23 de enero de 2017

EL DISCURSO DE LOS PÁJAROS

Concierto de Aves, de Frans Snyders


EL DISCURSO DE LOS PÁJAROS

A pesar de que el cóndor llevaba la voz cantante y le apoyaba la casi totalidad de la asamblea, los estorninos interrumpieron el discurso con una de sus jeroglíficas exhibiciones -su vuelo como pausa dramática, no tiene par-.

Los cucos empezaron a dudar. Las gaviotas, a lo suyo; les daba igual la decisión, siempre defenderían su patente de corso en cualquiera de los territorios costeros. Los ruiseñores, atentos pero poco dados a la acción, tomaban apuntes para inmortalizar las decisiones que allí se decretaran. Mostrando su pecho luminoso, los petirrojos apelaban más a la estética que a la ética del momento. Los jilgueros asentían: su vida iba en ello. Todos y cada uno de los pájaros mostraron su repudio o adhesión a uno de los bandos -nunca la palabra revuelo fue tan literal-.

El cóndor dijo: Debemos abandonar nuestros cantos.

Los estorninos contratacaron: Si algo somos, es nuestra canción.

El cónclave volátil se decidió por votación a ala alzada y ganaron por diez mil plumas de más los estorninos, gracias a que los colibríes multiplicaron, con su aleteo espitoso, las papeletas de su victoria.

Y por eso los pájaros no hablan y siguen cantando, porque su democracia no es perfecta, porque los colibríes se burlan de la realidad y los estorninos todavía creen en el poder de su trova.