domingo, 18 de octubre de 2015

EL JARDÍN BOTÁNICO


Escultura de plantas del jardín botánico de Atlanta.
(A este arte se le llama mosaicultura, desconocía yo esta práctica mágica de la jardinería. Si hay fascinación, echad un ojo al jardín botáncio de Montreal o al de Atlanta.) 



EL JARDÍN BOTÁNICO


Ella era un jardín botánico. Por eso en sus besos crecían jacarandas o sus miradas insinuaban especies exóticas. Hay que decir que su sexo de orquídea fantasma era la delicia de los botánicos.

¡Qué saber enciclopédico proponía su cuerpo! Navegabas por sus flores acuáticas, te perdías por los secretos de sus lunas de invernadero, biólogo aventajado de los misterios del mundo. Mirarla era cartografiar la naturaleza. Mezcla de jardín apolíneo y selva dionisíaca o, sencillamente, trópico que encendía el inverno. Sus palabras eran flores volanderas, sus pensamientos te trepaban la apatía y de la vida componían una tierna enredadera.

Taxonomía del deseo, hubiera querido yo hacerte. Llamarte pérgola que ilumina mi patio, fuente de mil lenguas, arrullo de pétalo o fruta merecida.

Te quise paseándote en silencio, prefiriéndote salvaje, mi bosque encantado.

viernes, 16 de octubre de 2015

EL FERIANTE


Foto de un parque de atracciones en Coney Island en Nueva York



EL FERIANTE

A Manolo Fernández,
por sus Chochonas.

Había nacido para poeta. Así que decidió construir una atracción de feria que consiguiese fundir la ingravidez, el miedo y la aventura. El artefacto fue bautizado como El mascarón de proa; evidente homenaje a sus días en la marina mercante. La puesta en escena consistía en amarrarse a la delantera de un navío, para que unas sirenas (de las de antes, de las que devoran y dejan la costa repleta de huesitos) entonaran sus influjos musicales para llevarte a la perdición, mientras el barco atravesaba una bamboleante y apocalíptica tormenta.

Pero no fue esta fantasía de feria la que le dio su merecida fama, sino la colaboración con su esposa, dueña y señora de una tómbola. Para atraer clientela usó su talento retórico, acuñando expresiones que todo niño lega al hombre futuro que será: -El payaso Nicolás, que mola mucha más. ¡Qué alegría!, ¡qué alboroto!, ¡otro perrito piloto!...-, entre otros hallazgos poéticos.

¡Qué mayor laurel para un feriante, que ser antologado en las infancias de toda una generación!

jueves, 15 de octubre de 2015

EL FANTASMA DEL CAPITAN MISSON

Lo dicho, secuela de Los últimos días de Libertalia, que anda por blog.

¡Qué miedito!


EL FANTASMA DEL CAPITAN MISSON


Ser una inspiración para los ideales de la revolución francesa tiene su mérito, pero un marinero es un marinero. Si en vida fue molde de utopías, reservó su eternidad para la indecencia.

A falta de puertos o islas remotas, parece que al espectro del capitán Misson le valieron como sucedáneos, los burdeles de Andalucía. La madames de los prostíbulos, encantadas de tener un cliente tan fantasmagórico, aprovechaban la extravagancia espiritista para aumentar los precios por las señoritas; el negocio no entraba en polémicas con dimensiones paralelas.

Misson hacía sus pinitos amorosos con una pasión impropia de su ser evanescente. Su erotismo fantasmal (acuñación pergeñada por una cortesana de lecturas ascéticas) las volvía literalmente locas: mujer que el capitán tocaba, mujer que acababa en manicomio. Eso sí, daba gusto ver los ojos volados de las meretrices por tan voluptuosa demencia.

Como suele pasar cuando uno frecuenta estas antesalas del amor, acabó encaprichado de una francesita de talentos ocultistas. ¡Pobre capitán! No supo ver que las intenciones encubiertas de la flor mercenaria, versaban en la escritura de un tratado sobre apariciones, que a la postre, la hizo europeamente conocida.

Háganle un favor, si ustedes practican la güija, no duden en consolar su desdicha.