jueves, 31 de marzo de 2016

INSTRUCCIONES PARA COMER UN MARINERO


Sirena llevando a un marinero cautivo,
grabado del siglo XIX.


INSTRUCCIONES PARA COMER UN MARINERO


El canto para seducirlos ha de ser parecido a la bocina de un navío, para evitar que se den cuenta de su fatalidad y la carne no se agarrote. Personalmente, les aconsejo entonar un fado o una bossanova: ¡no se pueden hacer idea, cómo lo agradece después el paladar!; un gusto tierno a saudade o trópico aparece tras el telón de los primeros mordiscos. ¡Una delicatesen, háganme caso!

Su degustación debe hacerse al día siguiente del naufragio: la carne del ahogado tiene más sabor y, además, pierde ese deje terroso que nos repite tanto a las sirenas.

A ser posible cómanlo crudo; esas costumbres decadentes de cocerlo o de meterlo al horno son más propias de lamias de río y sus antojos licenciosos. De hecho, está más que demostrado, que los marinos, pierden minerales y proteínas si se pasan por el fuego.

Lo suyo, es acompañarlo con una ensalada de corales blandos no fotosintéticos (receta de una musa, amiga mía), y si se sirve con guarnición, los caballitos de mar riman a la perfección con ese gustillo a viaje que tienen los navegantes. Si les va la salsa, por supuesto salsa marinera.

Muchas sirenas desprecian los huesos, pero yo les aconsejo reservarlos para hacer caldo, y conseguir así, cierto toque náutico en otros platos de nuestra oceánica gastronomía; por ejemplo, en las perlas a la mediterránea.

Para que el festín sea completo, descorchen esa botella de vino tinto, que reservan en los pecios hundidos para las grandes ocasiones: ¡el banquete lo merece!

Y recuerden siempre el consejo, que no por sabido es menos peligroso: con la comida no se juega… ¡bon appétit!

miércoles, 30 de marzo de 2016

EL CÍCLOPE BIZCO


Máscara de Polifemo.



EL CÍCLOPE BIZCO


Con su único ojo estrábico, un ser mitológico como él, no lo tuvo nada fácil durante sus años escolares. “El Bisojo” lo llamaban cruelmente sus hermanos; y claro, con un sobrenombre como ése, ningún Homero que se preciara lo incluyó, ni siquiera como atrezo, en sus famosas epopeyas; ¿cómo competir con rimbombantes nombres como Halimedes o Estéropes?: no había forma. Así que su carácter se forjó al margen de la historia y de los mitos conocidos.

Si bien el gremio familiar se había dedicado a la fabricación de las primeras armas de destrucción masiva (véase el tridente de Poseidón o los rayos de Zeus, si la curiosidad les inclina al belicismo), su marginamiento le decantó por la literatura, más concretamente, por la poesía lírica.

Como provenía de una estirpe con cierto hedor aristocrático y divino, y muy propensa a las venganzas sanguinarias, hizo bien en escoger un pseudónimo para la publicación de sus obras. Anacreonte, fue el nombre escogido, ¡y vaya si le fue bien!, que ha llegado hasta  nuestros días como uno de los primeros cantores de los placeres de la mesa, el vino y el amor. ¡Si hasta influyó en el mismísimo Epicuro y su escuela hedonista!

En fin, que no les desanime una infancia contrariada, que si hasta los familiares despreciados de los dioses pueden componer versos de oro, ¡qué no podremos conseguir con nuestra libertad los mortales! 

(Y perdonen la moraleja, pero es que a veces, ¡me pongo de un helénico...!)

CUANDO BAJA LA MAREA


"El balandrito" de Joaquín Sorolla.



CUANDO BAJA LA MAREA


A algunos les cuesta toda la vida, otros no lo hallan jamás, pero Noelia Heredia sí que encontró su lugar en el mundo. Un poco raro –todo hay que decirlo- porque el sitio predestinado se localizaba en la playa; más concretamente, cuando baja la marea y el agua deja un fino espejo líquido de suelo. En esa arena metafísica entre la tierra, el mar y el cielo, Noelia construyó su casa.

Sus amigos bromeaban diciéndole que en ese lugar se encarnaban los cuatro elementos que conforman la naturaleza, porque a los tres anteriormente sugeridos, había que sumarle, ella misma: ¡pura llama!

-La gente que camina por aquí, se les llena la cabeza de paisajes importantes- había observado Noelia. –Serán las neuronas espejo. Al contemplar esa inmensidad acuática, el infinito contagia todos los pensamientos- se decía, como intentando explicar su fascinación cómplice. –Pasan cosas extrañas en este lugar: todo el mundo parece recuperar su niño interior; ¡hasta los ancianos saltan a la comba de las olas menguantes!- gustaba anotar en su diario de bitácora.

No hablaremos del ingenioso mecanismo de arquitectura portátil, que tuvo que fabricarse para vivir en tan incierto terreno. Tampoco, de los intentos de desalojo por parte de las autoridades locales, siempre atentas a la felicidad del prójimo. Sí que mencionaremos, la caudalosa sonrisa que ilumina a Noelia cuando escucha el mar: -¡Con qué sonoridad de trueno rompen las olas! ¡Qué algarabía de aguacero dejan como herencia!- dice su rostro, como intuyendo que alguna sirena debe correrle por las venas.

martes, 29 de marzo de 2016

LA METAFÍSICA DE LA CARNE


"Mujer al sol" de mi adorado Edward Hopper.



LA METAFÍSICA DE LA CARNE


¿De dónde venían sus jadeos ultramarinos? ¿De quién eran las salvajes manos, que se apoderaban de él, cuando cartografiaba su espalda? ¿A qué lugar desconocido le llevaba la lengua de Sofía?

A su lado, estaba convencido que hasta el pecado tenía ética, que las noches con ella estaban más allá de la física, que no había más realidad que su cuerpo desnudo. Kant debió haberla soñado cuando dijo eso de “necesidad inevitable”. Sofía era, sin lugar a dudas, el animal metafísico más hermoso del mundo. Haberse acostado con ella significaba la más alta disciplina filosófica, porque en su piel se encarnaban todos los conceptos principales: Dios, la libertad, el espacio y el tiempo, la esencia y la existencia.

¡Qué tratados fundamentales escribieron con sus cuerpos! ¡Cuánto de obscenas fueron sus teologías de alcoba! ¡Vaya cosmologías fundaron con sus sudores!

Digamos, especulativamente, que en su cama vivieron el absoluto.