domingo, 30 de octubre de 2016

SELENITA EN CÓLERA



SELENITA EN CÓLERA


Nunca desaten la cólera de una selenita, son capaces de robarle a uno hasta la noche. Me río yo de las plagas bíblicas a su lado, del diluvio universal me río. Las selenitas son tan hermosas como apocalípticas, tan amorosas como devastadoras. ¡Si algún día se la juegas a una selenita, pon alma en polvorosa! ¡El mundo no es tan mundo para huir de ellas!

En su forma mineral, las mujeres selenitas te guardan todos los secretos, son cómplices hasta la alquimia, brindan armonía a lo interno, son tan cristalinas. Pero su parte lunar, ¡ah, su parte lunar!... no hay guerrillera que se les iguale, ni veneno más mortal, ni espina más de rosa. Si una selenita te marca con sus sombras, empiezas a enfermar con más frecuencia, las palabras evitan tu compañía, te lanzan dardos las estrellas. 

No hay suficiente olvido para esconderse ni rescate alguno que pagar: date por muerto, hombre perdido.

ADVERTENCIA SOBRE MUJERES



ADVERTENCIA SOBRE MUJERES



Hay mujeres con las que hay que tener cuidado, mucho  cuidado. A la mínima corres el riesgo de enamorarte, y no es que uno reniegue de Afrodita –Amor era mi brújula, por tener el lírico subido-. El problema reside en que lo desbaratan todo: los principios, las fórmulas matemáticas, los mapas del mundo, hasta el infinito, desbaratan. Esas mujeres que por lo general son -cómo decirlo- imperiales, tienen el peligro de hacer replantearse, seria y filosóficamente, conceptos clásicos como la libertad o la fidelidad en la belleza. En cualquiera de los casos uno está perdido, uno se siente naufragio, por decirlo de alguna manera. Sólo conozco un remedio que podría servir de contrapeso a estas mujeres, tal vez de coraza: la huida.

viernes, 28 de octubre de 2016

POLIFONÍAS



POLIFONÍAS


Comencé a poner voces desde niño. Veía una persona interesante y le robaba la voz, así de fácil. Al principio, jugaba a escondidas en mi cuarto. Me encantaba la de mi padre, al usarla me sentía un poco rey. Con la del profesor de religión, todos mis peluches se asustaban un poco, tal vez porque, ni en el cielo ni en el infierno, los mencionaba. La de mi prima me creaba un poco de esquizofrenia, me decía a mí mismo que ser familia no era excusa para no sentir amor.

Mi polifonía fue creciendo como la de todos, con sus actores favoritos de cine, con sus escritores preferidos, con el seductor de la oficina o con la de ese conocido que habla como si estuviera en una montaña rusa.

Ahora la cosa se me ha ido de las manos: pongo voz de mar o de ala rota, hablo como si fuera la noche o converso con tono de saudade o de bocina. ¡No se pueden hacer idea, cómo me miran los amigos cuando les doy esas monsergas de cangrejo o me enfado con acento de verbena!