jueves, 19 de enero de 2017

LA CHICA DE LOS LEGGINS DE PLATA



LA CHICA DE LOS LEGGINS DE PLATA



Ay Dios, cuán fermosa viene Doña Endrina por la plaza”

Arcipreste de Hita



-Sus caderas son el puente que nos une a las estrellas- decía Julián siguiendo su rastro de plata hasta el portal. Como cualquiera que tuviera ojo para la belleza, Julián orbitaba a su alrededor como un protón. El magnetismo que suscitaban sus elásticos pantalones entrañaba todo un enigma cosmológico. Las de la carnicería decían que habían sido fabricados en Florencia por un alquimista venido a menos, que además de licra, había utilizado para su confección polvo de plata y los restos de un amuleto etrusco para la fertilidad –ahí es nada-. El caso es que su prenda mágica era la perdición del barrio: hasta las mujeres se volvían a su paso.

Cierta desdichada mañana, Julián tuvo un arranque más propio de un primate que de un ser civilizado y mordió los cuartos traseros de la chica de los leggins de plata, bajo la depravada excusa de querer comprobar la veracidad del material precioso. Y lo que sucedió después dejó al barrio patidifuso: los dientes de Julián comenzaron a platearse hasta contagiar su rostro, provocando una metástasis argentada por todo el cuerpo, hasta dejarlo, estatua perdida, en mitad de la plaza como en las maldiciones bíblicas... o eso dicen las carniceras, si compras en sus puestos, y consigues que te tengan confianza.

2 comentarios:

  1. De dónde sales, chiquillo??
    Me alegra volver a leerte, amigo Jorge y gracias por todo.

    Esta chica es como el Rey Midas... Pero con un metal menor... Y ciertas personas se merecen tal castigo por dientes o manos largas.

    Mil besitos y feliz finde.

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    Respuestas
    1. De vez en cuando me meto en una cueva, qué sé yo por qué!
      Pues pensaba en el Midas al hacer el texto la verdad. Y mola lo de castigar con palabras tales comportamientos, me he sentido el dios del antiguo testamento, jeje.

      Besos por cada día que he faltado!

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